Laser4Fun, de BSH, investiga cómo funcionalizar superficies para una mejor experiencia del usuario

La tecnología láser es una de las más utilizadas en BSH, y es la protagonista de diferentes proyectos de innovación. Además de TresClean, en el que se trata de replicar la repelencia al agua de la flor de loto, en la fábrica de Montañana (Zaragoza) también se coordina otra investigación con láser a nivel internacional. Se llama Laser4Fun y tiene el objetivo de dotar de diferentes propiedades a las superficies. El coordinador del proyecto es Andrés Escartín, líder en innovación y tecnología, que nos explica cómo se está desarrollando el reto.

Para el usuario, Laser4Fun se traducirá en electrodomésticos más limpios e higiénicos, así como en experiencias de uso más agradables. Por ejemplo, una barrera en el cristal de la placa de cocina de manera que la suciedad sea más fácil de limpiar y quede libre de huellas. O el ya popular sistema No Frost para evitar la formación de hielo en los frigoríficos, pero aplicado a la propia superficie del electrodoméstico en lugar de al sistema de refrigeración. “Por otro lado, nos permite mejorar nuestros diseños. Ahora tenemos limitaciones porque necesitamos cubrir temas de higiene, para lo que tenemos que introducir algún sistema adicional o una pieza más compleja. Si podemos resolver este tipo de demandas del usuario de una forma más sencilla, como es una superficie con unas propiedades específicas, podemos tener más grado de libertad en los diseños para conseguir otro tipo de ventajas”, reflexiona Andrés.

El proyecto no está dirigido a aplicarse en electrodomésticos concretos, sino en los diferentes materiales que se usan habitualmente en BSH: vidrio, polímeros, metal… Una vez sepan qué puede hacerse sobre cada uno de ellos, aplicarán la prestación en aquel que tenga más utilidad. Para ello, Laser4Fun estudia diferentes tipos y potencias de láser: “Estamos poniendo diferentes factores sobre la mesa para explorar qué tipo de patrones novedosos no se nos habían ocurrido hasta ahora, o cuáles no había sido posible hacer con las tecnologías que existían. No es lo mismo modificar una superficie metálica, conductora del calor y muy dura; que una plástica, que con el calor se va a dañar enseguida, cambia el color, etc”, concede Escartín.

El alcance internacional del proyecto es completo, no solo por las 14 personas implicadas que trabajan en sus respectivas tesis doctorales, sino también por el esfuerzo en descentralizarlo, tal y como explica Andrés: “Cualquier punto de la red en la que están esas personas puede ser una pequeña base de operaciones. Es fundamental el trabajo que hacen en sus ubicaciones, pero también son importantes las visitas y colaboraciones que se hacen en ellas. No es raro que vayan viajando durante 1 o 2 meses a otras ubicaciones para trabajar con sus colegas y utilizar tanto su conocimiento, como su equipamiento, como la propia red que haya establecida en cada lugar”.

Andrés reconoce que el proyecto está demostrando que todavía queda mucho por hacer en tecnología láser: “La generación de patrones o de propiedades con patrones es algo que se ha investigado desde hace tiempo, pero ahora es cuando la tecnología láser nos está permitiendo llevarlo a un nivel más industrial. Principalmente por temas de coste y de tiempo de ciclo. Ahora nos podemos plantear cosas que antes no, y eso implica que queda mucho trabajo”.

Eso significa que, a pesar de ser una herramienta creada hace casi 60 años, el láser sigue evolucionando. Según analiza el experto, lo próximo que veremos serán nuevas generaciones de láser: más baratos, más compactos y aplicados a más usos.

 

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